Un blog de mierda de 25 artículos

Hoy he vuelto a escribir después de mucho tiempo. A veces pienso que no tengo motivos para escribir.
Pero, ¿acaso alguien los tiene?
Estuve pensando en monetizar mi blog.
Un blog de mierda de 25 artículos.

Porque claro, no podés ser un viajero que no “monetice” algo (o monetize, ya hasta se me olvidó cómo escribir…), ¿no?
Y la verdad es que tenemos la puta costumbre de monetizarlo todo.

Todo en este mundo y en esta vida tiene un valor.
Y lo importante acá es sentir el valor. No sé cómo expresar esto en palabras pero sí, el valor de las cosas se siente.
Y estas palabras, valen mucho, para muchos.

Con la escritora divagamos sin rumbo. A veces nos inventamos que tenemos un destino o que hemos tomado una decisión. Pero en el fondo, entre sueños y sábanas, ambos sabemos que ninguna decisión nos pertenece.
Que nuestras palabras son del universo y por ende, del Viento, que nuestras acciones son de la tierra y por ende del Sol, que nuestro pensamientos son del agua y por ende, del mar.

El mar.
A diario miro videos de surfers e imagino una vida cerca del agua.
Sin preocupaciones. Ahora tampoco las tengo, pero las creo, y las creo tan bien que después me las creo.
Creo de crear y creo de creer; la magia de las palabras.

Entra un rayo de sol por la ventana.
El sol hoy estuvo escondido tras las nubes todo el día. Hoy, después de semanas con temperaturas de 35° y sin lluvia, llovió.
Y granizó.
Y tronó tan pero tan fuerte que me dio piel de gallina.
Y me acordé de él.

Él.
Gracias a él es que hoy estoy acá.
No acá: lugar físico.
Acá, ahora, en este momento.

Con estos dedos, los pies mojados, y ganas de llorar disfrutando del rayo de sol que entra por la ventana en una ciudad que no me gusta.
Pero acá estoy, gracias a él.

Hoy, el granizo, los truenos y la tormenta le demostraron a los humanos de esta ciudad que sus preocupaciones son banales.
Muy banales.

Gente: nos vamos a morir.
Todos. Nos vamos a morir.
Y esa tormenta furiosa y descontrolada fue nada más que un recordatorio.

Me pregunto si seré el único que piensa en estas cosas y que tiene a la muerte tan presente. En verdad, es el miedo a lo desconocido.

¿Por qué se nos pone la piel de gallina ante una tormenta fuerte?

Créanme, es el miedo a lo desconocido.

¿Y si la tormenta no cesa? ¿y si se corta la luz? ¿y si se inunda la ciudad?

Es el miedo a lo desconocido.

Pero lo desconocido cesa.
Deja de granizar, la lluvia amaina y sale el sol.

El conocido.

Y todo vuelve a la normalidad. Los autos salen a la calle, la gente abre su Facebook; la realidad pasa a otro plano.

La escritora también piensa en estas cosas, eso lo sé.

¿Es casualidad que después de una lluvia torrencial que inundó la casa y llenó de granizo las calles de Milán, los dos estemos escribiendo?

Lo sé porque ella me pidió mi computadora para escribir.

Lo que ella no sabe es que le dije que no, no porque yo quisiera usarla, sino por cábala. Ella cree que mi computadora es mejor. Yo creo que su computadora tiene su energía. La energía de sus dedos. La energía de cuando me enviaba esos videos transatlánticos. La energía de su lesbianismo, su llanto, su amor, sus casas y perros alrededor del mundo.

La mía todavía no tiene eso.
La mia tiene Australia; nació en el mar, con olas grandes (sin saber nadar) y creció en la casa de las poetas.
La casa de las poetas.
Que para mi fue: “la primera vez que volvía al barrio donde nací pero no a la casa de mi vieja”. Todavía no me doy cuenta cuán importante fue la casa de las poetas para mí.
Pero sé que lo fue.
Gracias, hermanas de Mercurio.

A veces me pregunto si estaremos haciendo las cosas bien.
Dos personas, unidas por el azar, sin un plan y sin tomar decisiones, viajando en un planeta inteligente, que gira y respira por sí mismo.

Muchas de aquellas preocupaciones a las que algunos llaman “problemas”, en mi vida se han solucionado solas. Otras a la fuerza. Las que se solucionaron a la fuerza, a la larga caducaron. Nos pensamos arquitectos, cuando no somos más que energía en movimiento. En un planeta inteligente.

Mientras tanto, con la escritora, limpiamos. Casas. Baños. Ollas. Nuestros cuerpos. Limpiamos.
Y ayudamos a la gente a limpiar.
Damos consejos. A veces nos pensamos atrevidos por decirles a otros cómo limpiar. Disfrutamos limpiar.

Y lo hacemos por un techo y un plato de comida.

He decidido empezar algo que se llamará: “El final de lo conocido”

Porque cuando lo escribo, se me cae una lágrima.
Porque es momento de crecer y apostar a lo que sabemos, es verdad.

No buscando aceptación ni popularidad.
Este blog nació con libertad, y así crecerá.
Busco ser yo y que todos sean yo, a su manera.

Busco cumplir sueños, sacrificando y abandonando tradiciones, indagando profundo.
Buscando y cuestionando.
Dudando.

Escuchando(me).
A los pájaros, a la tormenta.
A la escritora.
A un balazo en la sien de una de las personas que más amo.
A la ambulancia.

A mis dedos sobre estas teclas.
A este corazón.

Hoy escribo de nuevo desde el corazón.
Mis prioridades han cambiado.

Hoy.

Y ahora.

Exe Guerra Written by:

Primero fue Nueva Zelanda. Después Tonga, Asia y Argentina. En Australia encontré el amor (y la muerte). Hoy: Irlanda. Mañana: Dinamarca. Intentando descubrirme a mí mismo a través de estos textos que nacen en mi corazón.

8 Comments

  1. melina melody
    15 julio, 2016
    Reply

    Qué lindo

  2. 4 agosto, 2016
    Reply

    Sos crack Guerra. Hermosas palabras.

  3. The patatina
    16 agosto, 2016
    Reply

    Pasé a dejarte un besito por aquí….

  4. Julieta De Anna
    27 agosto, 2016
    Reply

    Te quiero!

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