Lo que el Surf me enseñó

En Australia aprendí todo acerca del surf.
Desde que supe que iba a pasar un año de mi vida en este país, la idea de aprender a surfear no dejó de dar vueltas en mi cabeza.

No pienso abandonar Australia sin haber surfeado aunque sea una ola

Y lo hice.

Trabajé y trabajé y finalmente me compré una tabla de surf, sin saber nada al respecto.

Hoy, como Sócrates en su mejor momento, sé que; no sólo no sabía nada acerca de surfear sino que no sabía nada acerca de muchas otras cosas.

Surfeando aprendí:

De las olas.

De mareas.

Del viento.

De profundidad.

De miedos.

De equilibrio.

De miedos.

De respiración.

De aprobación.

De miedos.

De perseverancia.

Y de miedos.

Si. Tenemos miedo. Siempre. Todo el tiempo.

-Yo no tengo miedo-

Si, lo tenés.

Tenés miedo hasta de que te digan que tenés miedo.

Yo también tengo miedo, está bien…


El viento me enseñó a ser paciente.

El primer día que me compré la tabla, ya quería surfear. Y claro, fui al mar. El día estaba horrible; 40 km de viento como mínimo. Olas descontroladas. Pero yo no sabía nada de nada y sinceramente tampoco me importaba saber, sólo que quería aprender a surfear… jugar, en verdad. Y ahí fui, como nene con juguete nuevo, dispuesto a todo.

Porque sí, tengo miedo.

Pero también tengo amor.

Y esa, desde la óptica de estos ojos, es la dicotomía esencial del ser. Y está acá. Escondida. En un párrafo de un blog cualquiera. El amor le ganó al miedo y en un día lluvioso, empecé.

No pude hacer nada. En serio, no pude hacer nada. Pero estaba feliz, una decisión había sido tomada. Estaba feliz. con la tabla, las olas descontroladas, el viento y con no saber nada. De hecho estaba feliz de no saber nada porque significaba esfuerzo, sacrificio, horas de juego para saber algo nuevo. Qué lindo y qué bien nos hace aprender algo nuevo…

El viento me enseñó que ese no era un bien día. Él iba a decidir cuándo iba a ser un buen día para empezar. Aunque, ahora que lo pienso bien, si, fue un excelente día porque ese día supe que no sabía nada.

Fui feliz.


La marea, la corriente y el equilibrio.

Surfear es muy difícil. Más en Australia, rodeado de isleños (porque eso es lo que son) que así como yo argentino nací con una pelota abajo del pie, ellos nacieron con una tabla bajo el brazo…

Surfear es difícil: el objetivo es equilibrar tus 80 kilos (si, mi mamá vino de visita y anduvimos comiendo bien) sobre una tabla, sobre el mar; remar, remar, remar, pasar por debajo de olas, no tragar agua y hacer todo esto sin caerse de la tabla… ¿Suena fácil? Pues no lo es. El equilibrio, entonces es lo que reina. Y, nuevamente, desde la óptica de este ser escritor, cuando logramos el equilibrio en un nivel/plano, el mismo se ve reflejado en todos los niveles/planos.

Sí. Equilibrio; esta vez de afuera hacia adentro.

Practiquen el equilibrio y no esperen resultados; aparecerán sólos.


Las olas, la profundidad y el respeto.

Para no perder la tradición, decidí empezar por lo difícil; olas grandes (que desde la orilla no parecen tan grandes). Resultado: litros de agua en la nariz, arena en cada recoveco de mi ser, ojos irritados y lágrimas por doquier. Pero el amor es más fuerte, dijo Pito Faez.

Estaba decidido a aprender, esta vez, con respeto.

Si, podemos tener aspiraciones altas, podemos querer empezar el juego en el nivel difícil, pero tenemos que conocer nuestras limitaciones y respetar(nos)-(las).

El respeto hace que todo tenga otro olor. Y todo, TODO tiene el perfume del respeto.

Los días pasaron y voilà un día me encontré surfeando.

Cuando agarré mi primer ola, miré a la orilla, buscando aprobación, buscando a alguien que me haya visto. No lo encontré. Porque la vida es así. Siempre hubo alguien para verme caer y tragar agua. Siempre. El día que logro agarrar una ola… NADIE.

Por suerte había otros dos niños de unos 10 años aprendiendo (aprendiendo desde un punto de vista australiano, para mi… expertos). La complicidad y sonrisas vinieron de su parte.

Moraleja: No esperes nada. De nadie. Ni siquiera de la misma vida. Hacé lo que sientas. Y cuando lo hagas, sé vos tu propio cómplice. Reíte, date cuenta. Sé el observador y lo observado. Fundite.

Días más tarde, me encontré a mi mismo en lo profundo, donde están “las buenas olas”, sin poder surfear ni nada. Simplemente estaba ahí, en lo profundo.

Me sentía opacado, eso era. Había mucha gente y todos lo hacían MUY bien. Y yo era un espectador. Con mi tabla, mi traje, mi pequeño pero vasto conocimiento, pero un espectador.

El miedo ascendió y ese día no pude surfear.

El amor seguía intacto.

Hay días así; de mierda. Lo que te gusta no te llena, pero sabés que te gusta y eso es amor. No te guíes por un día; ni por un día de mierda ni por un día de lujo. Es simplemente “un día”.

Así fue como gracias al miedo aprendí a perseverar.

Al día siguiente fui solo y decidido.

La frase “dance like nobody is watching” vino a la cabeza de quien escribe. Me predispuse a adaptarla a “surf like nobody is watching”.

Y así fue. La playa estaba llena pero para mi no había nadie.

Yo era el observador y yo era el observado.

Agarré una, dos, tres y perdí la cuenta de cuantas olas. Miraba a la orilla y me veía a mi mismo

-Bien Guerra querido!-

El miedo no existió más. No había lugar para el miedo.

Y todo lo que quedó fue ese perfume en el aire de cuando algo termina pero perdura.

Hoy volví a surfear después de mucho tiempo.

Hoy volví a amar.

Mi escuela
Mi escuela
El principio del fin con mi tabla de surf
El principio del fin con mi tabla de surf
El final del principio con mi tabla de surf
El fin del principio
Exe Guerra Written by:

Primero fue Nueva Zelanda. Después Tonga, Asia y Argentina. En Australia encontré el amor (y la muerte). Hoy: Irlanda. Mañana: Dinamarca. Intentando descubrirme a mí mismo a través de estos textos que nacen en mi corazón.

12 Comments

  1. Tubiiii
    20 febrero, 2016
    Reply

    Me hiciste reír amigo. Nada mejor que permitirse aprender algo nuevo, sin profesores ni cursos. Aprender de la experiencia misma, de la práctica. Coincido con vos ya que también creo que estoy en una etapa de aprendizaje en varios aspectos. Y me encanta. Disfruto del error. Me río del desconocimiento y me vuelvo a sentir una nena cuando algo me sale bien o mal. Veo los miedos en otros y al mismo tiempo me alegro de no sentirlos en mi propio cuerpo. Sin miedos. Corriendo riesgos. Haciendo lo que a uno le interesa y le gusta. Esa es la que va. Te felicito crack! Ahora me dejaste con ganas de aprender a surfear!

    • 20 febrero, 2016
      Reply

      Exacto Tubis! Contame en qué andas 🙂

  2. carolina
    20 febrero, 2016
    Reply

    Me encanto!!espero tener ese amor que decís, Australia allá voy!

  3. 20 febrero, 2016
    Reply

    Fui testigo de la felicidad que te rodeaba el día que compraste esa hermosa tabla.
    El miedo es de valientes. El respeto aún más.

  4. Dani Vilá
    14 marzo, 2016
    Reply

    Qué bueno Excel!
    La verdad es que la sensación de cuando lográs subirte a la tabla e ir con la ola es indescriptible!
    Yo me animo en nuestra costa, a lo sumo Brasil, pero ¿Australia? No solo las olas son más grandes sinó que tenés más bichos abajo con ganas de comerte/picarte/solo asustarte!
    Bien x vos!! Felicitaciones y no dejes nunca de disfrutar eso.. de estar EN la ola y sentir como vas CON la ola. Acá se me complica entre tanta sierra.. disfrutalo x mi!
    Saludosss desde Córdoba

    • 15 marzo, 2016
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      Gracias Dani! Si, todo un desafío surfear, pero divertidísimo! Beso enooorrrrrrme para ti 🙂

  5. anto
    13 agosto, 2016
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    yo ando en la misma.. no se nada pero dije no me voy de australia sin surfear.. y aca estoy dejando Brisbane y yendome a GC porque quiero estar casi adentro del mar Me re sirvio tu post.. gracias

  6. Cynthia
    17 diciembre, 2016
    Reply

    me encanta que escribas desde tu corazon, lo puedo sentir. Pronto saldre de viaje y tus textos me llenan de buenas energias… gracias por ser y por compartirlo. Abrazo desde Venezuela!

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